Antonia G.
(Antígona)
Rafael
Solá
Personajes
Antonia Greco de Nices
45/55
años
Polo
Hijo
de Antonia
Iván
Amigo
de Polo
Juliana
Pareja
de Iván. Visiblemente embarazada
Cardozo
Policía.
Secretario de Crescente
Crio. Omar Crescente
Tío de Antonia
Tita
Una
madre
Jimena
Hermana
de Antonia
Otras madres
Otros policías
La acción transcurre en Tebas, un pueblito del sur de la Provincia de
Buenos Aires, en el mes de agosto del año 1976
Prólogo
(En una cocina, con una ventana al fondo, con cortinas. Bajo la ventana
está la mesada. Antonia está sola, ocupada haciendo sus cosas.
Se escucha el zumbido de una mosca. Antonia la sigue con la mirada, durante
un rato. Sin dejar de mirarla, toma un diario y lo enrolla. La mosca se posa
sobre la mesada. Antonia la mata con el diario. Sonríe satisfecha.)
(Entran Polo y sus amigos)
Polo - ¡Hola mamá!
Antonia - ¡Hola, Polo! ¡Hola, chicos! (Se saludan afectuosamente) Siéntense, que les cebo unos mates
Iván - Nooo, madrecita. Usté se me queda sentada, que no somos
visita para que nos esté atendiendo como a ricachones. Cebo yo.
Antonia - Ay, Juliana, fíjate que ahí abajo hay unas galletitas. Estos
chicos…
Polo - ¿Te enteraste, mamá, que tenemos nuevo comisario en el
pueblo?
Antonia - Claro que me enteré, cómo no me voy a enterar. Salió el mes
pasado en el diario. “A partir del primero de julio de 1976, Omar Crescente
asumirá como comisario de la ciudad de Tebas”.
Iván - ¿Es cierto que es tu tío?
Antonia - Es el hermano de mi mamá. ¡Ella no lo podía ver! Murió
odiándolo.
Juliana - ¡Contá, Antonia! ¿Qué tal es el tipo?
Antonia - Mirá, nunca fuimos muy cercanos. Nos encontrábamos muy de vez
en cuando, cuando había una reunión, el cumpleaños de mi abuela, así. Es… un
tipo muy conservador, muy estricto. Un jodido. ¿Viste un cana? Bueno…
Juliana - Un facho…
Antonia - Un facho, como dicen ustedes ahora… Por lo menos es
peronista…
Iván - Peronistas somos todos, madrecita. Pero él es de la
Vieja Guardia…
Antonia - ¿Qué es eso? Yo conozco a La Joven Guardia… Roque Narvaja (risas)
Polo - ¿Viste cuando vino el General? Los que estaban arriba
del escenario eran la Vieja Guardia… la derecha. Los que están con López Rega.
Nosotros somos la Tendencia, los que queremos la Patria Socialista.
Juliana - Nosotros somos los que cantábamos Qué pasa (Se suman los otros dos, y cantan juntos),
qué pasa, qué pasa General, que está lleno de gorilas el gobierno popular (risas).
Iván - Si, cuando el viejo nos echó de la Plaza…
Juliana - ¿Es cierto que tu tío era tripleta?
Antonia - (Gesto de
interrogación)
Polo - Triple A.
Antonia - Mirá, tanto no sé. Que tiene pinta de servicio, tiene. Que
querés que te diga. No me asombraría…
Iván - Acá en Tebas ya se chuparon veintisiete compañeros.
Antes del golpe ya se habían llevado a varios jotape, conocidos nuestros. Pero
el mes pasado desaparecieron a toda la comisión gremial de la fábrica…
Antonia - Pero ¿qué… eran guerrilleros?
Polo - ¡Qué guerrilleros, mamá! El golpe fue para instalar un
modelo económico. Y los sindicalistas no entran en ese modelo… están sobrando…
Antonia - Qué horror…
Iván - Fue lo primero que hizo tu tío, madrecita. Ni bien
asumió, se cargó a la comisión gremial…
Juliana - Y los próximos somos nosotros…
Antonia - ¡Ay, querida, no digas eso!
Polo - Todos nosotros vamos a terminar presos, más tarde o más
temprano.
Iván - ¡Trataremos de que sea más tarde! (risas)
Antonia - Chicos. Tengo miedo. Tengo miedo por ustedes. ¡Cuídense! No,
no, no quiero andar recorriendo comisarías buscándolos. Bajen un cambio, vamos.
Polo - Tranquila, mamá, ya entramos y salimos un montón de
veces. No pasa nada.
Iván - Aparte, ahora se están ocupando de los gremialistas.
Los jotape ya salimos del radar…
Antonia - ¿A dónde van ahora?
Polo - Nada, mami, voy a pasar por la casa de Iván y Juliana,
que hay unos libros que consiguieron que me quieren mostrar. Después vuelvo.
Vos tranquila que no pasa nada.
(Se despiden, y los tres amigos salen. Queda sola Antonia, angustiada)
CORO
Primer Estásimo (Milonga Surera)
Sin que vos te dieras
cuenta,
de golpe, vino la noche.
Ya no sirven los reproches
en medio de la tormenta.
La Bestia voraz, sedienta
de sangre se ha presentado
oculta en Golpe de Estado.
Lo que toca lo convierte
en crueldad, furor y muerte.
El horror ha comenzado…
(Mientras canta el CORO, Antonia levanta las cosas, guarda las galletitas,
vacía y lava el mate, ordena. Apaga la luz y sale. Queda el escenario vacío a
media luz)
(Cuando el CORO termina, se escuchan a lo lejos gritos, peleas, tiros de
pistola y ametralladora, ladridos de perros. Chirrido de gomas de auto
acelerando)
(Entra Antonia, en deshabillé. Se asoma por la ventana. Se persigna)
FIN DEL PRÓLOGO
Episodio Primero
(En la oficina del Crio. Crescente. Éste está solo, trabajando, sentado
frente a un escritorio. Hay un teléfono, un par de bandejas con papeles. Entra
Cardozo)
Cardozo - Comisario, acá hay una tal Antonia Greco de Nices que dice
ser su sobrina ¿La hago pasar?
Crescente - Si, hacela pasar.
(Sale Cardozo, entra Antonia. Se saludan con afecto fingido)
Crescente - ¡Antonia! ¿Cómo estás querida?
Antonia - Hola Tiomar (El apócope
se forjó en la infancia)
Crescente - ¡Me enteré de lo de tu esposo! ¡Qué
desgracia!
Antonia - Fue hace un par de años ya…
Crescente - Siempre digo “tengo que ir a darle el
pésame a esta chica”, pero viste en la vorágine en que uno vive. Uno propone y
Dios dispone
Antonia - Más vale tarde que nunca, tío
Crescente - Así es. ¿Y tu pibe, cómo está? Ya debe
estar grandecito
Antonia - Y si, Polo ya es todo un hombre
Crescente - Dale mis saludos
Antonia - Precisamente por eso es que te vengo a molestar
Crescente - Decime en qué te puedo ayudar
Antonia - Hace tres días que no tengo noticias de él
Crescente - ¿Preguntaste en el hospital? A veces pasan
accidentes que uno ni se entera
Antonia - Recorrí todos los hospitales y nadie sabe nada
Crescente - ¿No estará de joda? Viste como son los
pibes de ahora. Conocen una minita y salen atrás de ella como perros calientes
Antonia - No, tío, Polo no es así. Aparte, la noche que desapareció,
los vecinos escucharon gritos y forcejeos, y uno de los vecinos vio un par de
Falcon verdes en la puerta de la casa de donde se los llevaron, y unos tipos
Crescente - ¿Uniformados?
Antonia - No, de civil.
Crescente - Ajá. ¿Y cómo se llama el vecino éste que
los vio?
Antonia - No sé, tío, a mí me llegó el rumor, imaginate
Crescente - Entiendo. Mirá, cuando nosotros hacemos un
operativo el personal va uniformado y se usan vehículos oficiales
Antonia - Pero ¿no va personal de civil? ¿A veces?
Crescente - Es cierto que los detectives andan de
civil, pero en un operativo, siempre siempre siempre van acompañados por
uniformados. Pero igual dejame que vamos a averiguar ¡Cardozo! (Se asoma Cardozo) Haceme el favor. Hacé
unos llamaditos, y averiguame si en alguna seccional tenemos detenido a un tal
Nices, Polo (A Antonia) ¿Edad?
Antonia - Veintiuno
Crescente - Veinte, veintiún años. (Cardozo sale) Quedate tranquila que va a aparecer. (Pausa. Duda en preguntar) Decime,
Antonia, ¿En qué andaba tu hijo?
Antonia - ¡En nada, tío! Te juro. Polo es un chico sano
Crescente - Mirá, te voy a hablar como si fueras mi
hija. Sos mi sangre. Vos sabés que la nación está bajo el control operativo de
las fuerzas armadas. Estamos librando una guerra, nos dejaron un país en
llamas. La lucha es contra la subversión, pero si se lo llevaron… en algo
andaría… algo habrá hecho…
Antonia - Pero, tío. Cuando se lo llevaron estaba con una pareja de
amigos, todos chicos buenos, trabajadores, estudiantes. ¡La chica está embarazada!
Crescente - Yo sé que a veces pagan justos por
pecadores, pero si él no tiene nada de qué avergonzarse quedate tranquila que
lo van a largar.
Antonia - Son chicos, tío…
Crescente - He visto pibes de quince, dieciséis años
que ponen una bomba y matan a docenas de personas.
Antonia - No es este el caso, tío.
(Entra Cardozo)
Cardozo - Negativo, comisario. No tenemos a ningún Nices.
Crescente - Gracias, Cardozo. Puede retirarse. (Sale Cardozo. A Antonia) Mirá. Quedate
tranquila. Yo voy a tratar de averiguar. A nosotros no nos dicen nada, te
imaginás, pero puedo hacer algunos llamados y ver si puedo averiguar algo. En
cuanto tenga alguna novedad te llamo. Dejame los nombres de los tres pibes, y
tu teléfono, y vamos a ver qué puedo hacer.
Antonia - Te lo voy a agradecer infinitamente, tío.
Crescente - No te prometo nada. Pero lo voy a intentar
(Se despiden. Antonia se va)
CORO
Segundo Estásimo (Cueca)
(Mientras canta el CORO Crescente sigue trabajando. Pensativo)
Decís que no sabés nada
pero lo sabés muy bien:
los torturan y los matan.
Sabés donde, y sabés quien.
No la sigas engañando,
no seas infame
Lo que no vas a darle
no le reclames
Lo que no vas a darle, ay
vidá,
no le reclames
No le reclames, si,
con tanto enojo,
que se te ve la viga
dentro del ojo
Que se te ve la viga, ay
vidá,
dentro del ojo.
No andés mintiendo decencia
con incoherencia…
(Al terminar el CORO, Crescente llama por teléfono)
Crescente - Hola buen dí… buenas tardes. Habla
Crescente, de la Primera de Tebas… ¿Me podés comunicar con el Capitán Bermúdez,
por favor?... Si, espero…
¿Capitán Bermúdez? Crescente, el
Comisario de la Primera de Tebas… Muy bien, por suerte… en la lucha… apagando
incendios jajaja…
Se… Mire, lo molesto porque hace
unos días hubo un operativo acá en Tebas… exactamente, el mismo… claro… bueno, parece
que levantaron tres pibes… y tengo acá a la madre de uno de ellos que me está
hinchando las pelotas… Claaa… Imaginesé…
Los trasladaron. ¿A qué destino,
si puedo preg…?... ESMA… Comprendo…
Si, por supuesto, Capitán... Es
lo que corresponde… No tenga dudas…
Despreocupesé, Capitán. Yo me
hago cargo… Para eso estamos…
No, nada más, eso es todo… Muchas
gracias por su atención, Capitán. A sus órdenes. No hay por qué darlas. Que
tenga buen dí… buenas tardes. Chau chau.
FIN DEL PRIMER EPISODIO
Episodio Segundo
(En la cocina de Antonia)
(Un grupo de mujeres –madres– están tomando mate paradas junto a la mesada.
Sentadas a la mesa, Jimena, Antonia y Tita.)
Tita - En mi familia son todos militares… ¡Mi papá es coronel!
Mi tío es brigadier, mi hermano es mayor… ¡Agosti estuvo en mi cumpleaños,
imaginate si lo conoceré! Cuando desapareció mi hijo, hace más de un año,
catorce meses van a hacer ahora, yo recurrí a ellos. Uno por uno les fui
preguntando… Nada. Nadie me dio una solución, ni siquiera me dicen si está vivo
o muerto… (pausa) Nadie me dijo que
ustedes se estaban organizando, yo no sabía ni que existían. Encima cuando una
amiga me dijo que me comunique con las Madres, yo le pregunté ¿Con la Liga de
Madres? (Risas) Yo pensé que me
mandaba con la Liga de Amas de Casa… (Risas)
(Acongojada) Ay, qué estúpida fui,
¡Qué estúpida! ¿Por qué no vine antes?
Antonia - ¡No! No digas eso…. Cada madre tiene su tiempo. Y este es el
tuyo. Ahora estás acá. Pero, sabelo: solas no vamos a ningún lado. Tenemos que
estar todas juntas, pedir todas juntas, es la única manera de que nos escuchen.
Vamos a salir a la calle, vamos a manifestar, a hacernos escuchar. Y nos van a
tener que responder…
Una madre - ¿Sabés que pienso, Antonia? Que vamos a tener
que usar algo que nos distinga, algún distintivo, para que sepan quiénes somos,
y no nos infiltren así nomás.
Otra madre - Podemos mandar a hacer unos distintivos como
los que hacen los egresados…
Otra madre - O algo en la cabeza…
Antonia - ¿Y si nos ponemos… un pañal de nuestros hijos? Como un
pañuelo, en la cabeza…
Otra madre - ¡Siii!
(Todas sacan un pañal y se lo ponen en la cabeza)
Jimena - Yo no tengo hijos todavía… jiji… pero me puedo poner este
pañuelo blanco…
Antonia - No, no, no, Jimena. Nosotras nos estamos jugando la vida por
nuestros hijos, pero vos no tenés por qué acompañarnos. Con que se arriesgue
una de las dos hermanas alcanza.
Jimena - ¿Por qué querés angustiarme así, hermana? Vos perdiste a tu
hijo… ¡Pero yo perdí a un sobrino!… ¡y a treinta compañeros, a muchos de los
cuales conocí, y quise!... Dejame que marche a tu lado, hermana mía. Esta ya no
es solamente tu lucha. ¡Es la lucha de un pueblo! Todos perdimos a alguien, a
todos nos privaron, aún de aquellos a los que no llegamos a conocer. Esto sólo se
va a terminar si todos nos unimos, no solamente los que hayan perdido a un ser
querido, ¡sino todos!, para reclamar verdad, y justicia. Es a un pueblo al que
están atacando, al que están secuestrando, chupando, desapareciendo. Es todo un
pueblo, entonces, el que tiene que reclamar. Por favor, hermana. Dejame
compartir tu lucha, tu destino… y hasta tu muerte si es necesario. No me
juzgues indigna de marchar a tu lado. (Antonia
la abraza, y todas las demás se van acercando y abrazan al grupo)
(Comienzan acordes de guitarra. Las madres, todas juntas, salen al centro
vacío del escenario, cantando “Los desaparecidos que digan donde están”.
Se escuchan sirenas, y aparece la policía)
CORO
Tercer Estásimo (Vidala)
(Mientras canta el CORO, la policía reprime con brutalidad a las madres.
A proscenio, uno de los policías golpea brutalmente a Antonia)
Cuando no hay respuestas
Cuando no hay razones
cada quien reclama
Vidalitá
por sus corazones.
Y si la tristeza
no puede esconderse
no hay ningún pretexto
Vidalitá
para detenerse.
Cuando hay que enfrentarse
a un horror salvaje
desde las entrañas
Vidalitá
brotará el coraje.
Aunque nos repriman
Aunque nos maltraten
no podrán callarnos
Vidalitá
hasta que nos maten.
(La escena termina cuando termina de cantar el CORO)
FIN DEL SEGUNDO EPISODIO
Episodio Tercero
(En la oficina del Crio. Crescente)
(Traen a Antonia. La sientan en la silla adelante del escritorio. Crescente
se para, le acerca un vaso con agua)
Crescente - ¿Qué están haciendo, Antonia? ¿Hasta dónde
quieren llegar?... ¿Qué pensaron, que nos íbamos a quedar de brazos cruzados
frente a las provocaciones?... ¿Por qué me obligan a actuar como no quiero, a
reprimir, a meterlas en cana? ¿Qué pensaron? ¿Que por ser mujeres las íbamos a
dejar que hagan lo que quieran, que nos alboroten al pueblo?
Antonia - ¿Y qué esperaban que hiciéramos? ¿Qué nos quedáramos de brazos
cruzados, después que secuestraron a nuestros hijos, y no nos dan ninguna
noticia de ellos? ¿En serio, pensaron que no íbamos a reaccionar?
Crescente - ¿Y qué te pensás? ¿Que vos estás por encima
de la ley?
Antonia - ¿De qué ley me hablás? Esas leyes las escribieron ustedes. Yo
obedezco a una ley superior. Soy una madre que está pidiendo que le devuelvan a
su hijo. Esa es una ley sagrada, que
está por encima de cualquier cosa que puedan inventar. Y vos lo sabés.
Crescente - Cuando se pueda, se los van a devolver…
Antonia - ¡No podemos esperar! ¡No es justo que nos hagan esperar!
Crescente - ¡No me hables de justicia!
Antonia - ¡Con vida los llevaron! ¡Con vida los queremos!
Crescente - ¡Tu hijo ya está muerto, Antonia, entendelo
de una vez! (Pausa, ante la reacción de
Antonia) Hay que hacerse cargo de las decisiones que se toman. Cuando vos
tomás la decisión de salir a la calle a matar o morir, tenés que saber que
también te puede tocar morir. Son las reglas del juego. Así es la guerra.
Cuando vos empuñás un arma, sabés que del otro lado hay otra arma apuntándote,
y la bala que llega primero es la que mata. Después no te podés quejar. ¿No
prometieron que iban a dar la vida por Perón? Bueno, pibe, llegó el momento de
cumplir la promesa…
Antonia - Si está muerto, tengo el derecho de darle sepultura. Si lo
mataron, al menos devuélvame el cuerpo. ¡Tengo el derecho sagrado de
sepultarlo!
Crescente - Qué derecho sagrado ni que ocho cuartos…
Antonia - ¡Mataron treinta chicos, Omar!
Crescente - ¿Treinta? ¡Treinta mil vamos a matar, si es
necesario! ¡Nos dejaron un país en llamas, un país en guerra! ¡Y tenemos la
obligación de restaurar el orden!
Antonia - ¿De qué guerra me hablás, Omar? ¿No te das cuenta que las
balas que nos están disparando las pagamos nosotros? ¿Que las armas que nos
apuntan, se las dimos nosotros a ustedes, para que nos protejan? ¡Para que nos
cuiden! ¡No para que nos maten!
Crescente - Tenemos que matar a los malos para proteger
a los buenos…
Antonia - ¿Y quién decide quiénes son los malos y quiénes los buenos?
¿Ustedes, arbitrariamente?
Crescente - ¿Y quién querés que decida?
Antonia - ¡En un estado de derecho, esas decisiones las toma un juez,
un tribunal! ¡Hay garantías, hay derecho de defenderse de lo que te acusan, en
un juicio! ¿Para esto querían el Estado, para esto querían gobernar? ¿Para
convertirse en terroristas?
Crescente - ¡Terroristas!
Antonia - ¡Terroristas, si! Igual que los que dicen combatir. ¡No!
¡Peores! ¡Porque ustedes tienen la responsabilidad de gobernar, una responsabilidad
que asumieron por la fuerza, sin que nadie los elija ni se los pida, y esa
responsabilidad trae aparejada un montón de obligaciones!
Crescente - ¡La obligación de batir al enemigo!
Antonia - ¡Tenés que elegir de qué lado estás, tenés que elegir qué
querés ser! ¡O te ponés del lado de la Constitución y de las leyes, y sos la
solución, o elegís ponerte del lado de la arbitrariedad y la clandestinidad, y
sos el problema! ¡Son las reglas del juego! Así es la República. Cuando vos
elegís la ilegalidad, tenés que saber que del otro lado hay un juez y una
cárcel esperándote. Después no te podés quejar. ¿No prometieron que iban a
cumplir con lealtad y patriotismo, y si así no lo hicieren, que Dios y la
Patria se los demanden? ¡Bueno, pibe, llegó el momento de cumplir la promesa! ¡Ahí
afuera hay un abogado que representa a Dios y a la Patria, con una demanda como
una guía telefónica…!
Cresente - ¡Lo único que faltaba! ¡Que una mujer me venga a dar lecciones
de moral!
Antonia - ¡Somos las mujeres, somos las Madres, somos los desposeídos,
somos tus víctimas los que vamos a llevarte a la cárcel! No a desaparecerte,
no. No a matarte. ¡A pudrirte en la cárcel, pagando tus crímenes! No buscamos
venganza. No tenemos rencor. ¡Solo queremos justicia!
(Pausa larga)
Crescente - Mirá, nena. Te vamos a soltar. Yo no te
puedo retener acá. Pero tené cuidado. Guarda que sos la próxima.
Antonia - Todos vamos a morir, antes o después. ¿Vos te creés que
tengo algún problema en adelantar mi hora, si es por motivo de la justicia? No
me han dejado nada. Ni el miedo.
Crescente - ¡Cardozo! (Entra Cardozo) Llevate a esta mujer de acá. Y lárguenlas a todas.
(Cuando se van, Crescente toma el teléfono y hace una llamada)
Crescente - Holá… Crescente, de la Primera de Te… Si,
haceme el favor. Poneme con Bermúdez…
Hola Bermúdez. Si, Crescente.
Todo bien. Si… lo llamo para pedirle un operativo... Lo antes posible… Si es
esta misma noche mejor, si… Antonia G. No, no quiero que trascienda el
apellido, porque es medio pariente mía… Pongamos Antonia G que así está bien…
Ahora le paso la dirección y todos los datos… (Sigue hablando, aunque no se escucha lo que dice)
CORO
Cuarto Estásimo (Baguala)
La Bestia se ha despertado
con hambre y sed de venganza
Quiere muerte, quiere
sangre,
quiere matar la esperanza
Tiene dientes
Tiene garras
No la tientes
La sombra se desparrama
por las tierras argentinas
Y un ejército de diablos
con ambición asesina
No te advierte
No te atrevas
a esconderte
(Mientas canta el CORO, Crescente termina de hablar. Cuelga. Se queda
pensativo. Conmocionado. Rompe a llorar)
FIN DEL TERCER EPISODIO
Éxodo
(En la cocina. Antonia está apoyada en la mesada, pensando. Se escucha el
zumbido de una mosca. Antonia la sigue con la mirada, durante un rato. La mosca
se posa junto a ella, en la mesada. Antonia abre la cortina, la mosca se va. Se
queda mirando por la ventana, melancólica)
(Se escuchan fuertes golpes en la puerta)
Antonia - ¿Quién es?
Policía - ¡Abrí Antonia!
Antonia - ¿Pero quién es?
(La puerta se abre de una patada. Entran policías de civil, la golpean, la
encapuchan.
La escena culmina con Antonia gritando a proscenio, mientras los policías
forcejean para llevársela, encapuchada, hasta el centro vacío del escenario.
Entran dos policías con Antonia, la tiran al piso. Se van. Antonia queda sola,
en el piso. Se quita la capucha)
Antonia – Aquí estoy ahora, en mi
momento final, enfrentando mi muerte.
Me he quedado tan sola… Todos
aquellos a los que amé se han ido. Mis padres, mi esposo, mi hijo… Este es,
entonces, tu lugar, Antonia. Tu lugar está entre los muertos.
He seguido tus pasos, hijo
querido, hasta que al final habré de encontrarte. ¡Ay! Desespero del momento en
que vuelva a tenerte entre mis brazos. Y volvamos a estar juntos.
Y también a vos, Raúl, mi amor,
habré de recuperarte. Tuviste la suerte de partir a tiempo, para no tener que
sufrir el mayor de los tormentos, que es vivir para presenciar la muerte de tu
hijo. Nuestro hijo, al que ni siquiera pudimos sepultar. Volveremos a ser felices
los tres, como antes.
¡Papá, también volveré a
encontrarte! Volveré a tener tu abrazo, el único lugar en el mundo en que me he
sentido protegida.
¡Y cuánto necesito volver a
tenerte, a vos, mamá! Mi luz, mi guía. He tratado de ser como vos, de estar a
tu altura. Ahora necesito que me abraces, mamá, que me cuides. (Pausa) ¡Tengo miedo, mamá! ¡Te
necesito, mamá! ¡Mamá!
(Sollozos)
¿De dónde salió toda esta
violencia? Cada acto de violencia parece estar justificado por un acto de
violencia anterior. Pero ¡Alguien tiene que parar! ¡Alguien tendrá que hacer
justicia alguna vez!
Pero ¿a quién acudir, cuando el
que debe administrar justicia es tu asesino? ¡Hemos vuelto al principio de la
historia, cuando la ley sólo la escribía el más fuerte!
¿Qué hacer en ese caso?
(Con un gesto de rechazo) ¡No! ¡Aléjate
de mí! No es la violencia la solución a nada. Ojo por ojo, nos quedaremos todos
ciegos…
Hay que esperar. Hay que aprender
a resistir. Ni a irse ni a quedarse. Sólo a resistir…
El día llegará en que este país vuelva
a ser una República, y vuelva a haber jueces imparciales que pongan a cada uno
en su lugar.
Algún día va haber justicia en la
Argentina. Algún día tendrán que pagar por lo que están haciendo.
Hasta los nazis tuvieron su Nüremberg.
A estos les va a pasar lo mismo, cuando haya justicia.
Si, como a los nazis les va a
pasar.
¡A donde vayan los iremos a buscar!
FINAL