Eres una de esas raras presencias que el tiempo parece haber olvidado multiplicar. Una especie en peligro de extinción, no por fragilidad, sino por virtud. En un mundo donde la lealtad se ha vuelto negociable y la fidelidad un gesto casi romántico del pasado, tú permaneces firme, íntegro, auténtico.
Ser cien por ciento fiel —a tus principios, a tus afectos, a tu palabra, a tu pareja— no es una simple cualidad, es un acto de resistencia. Es caminar con la frente en alto cuando muchos prefieren atajos. Es elegir el compromiso cuando la mayoría opta por lo efímero. Y eso, en estos tiempos líquidos y veloces, te convierte en un ser extraordinario.
Tu fidelidad no es ingenuidad, es convicción. No es debilidad, es fuerza. Y aunque pocos lo comprendan, quienes tienen la fortuna de conquistarte saben que tu lealtad no se compra ni se exige: se honra.